La historia del millonario que fue la cena de caníbales

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Michael Rockefeller era uno de los miembros de la familia más adinerada de la historia, pero su amor por la ciencia lo pudo haber llevado a una horrible muerte.

El amor por la ciencia o la investigación te puede llevar a la muerte. Marie Curie falleció por su exposición a la radiación, Malcolm Casadaban contrajo una bacteria mientras trataba de estudiar la peste y perdió la vida y Alexander Bogdanov realizó una transfusión de sangre que contenía tuberculosis, provocando resultados trágicos. Asimismo, decenas de hombres y mujeres que tratan de investigar o difundir el conocimiento y la naturaleza pierden la vida en expediciones; tan sólo hace unos años, el famoso “cazador de cocodrilos”, Steve Irwin, fue perforado en el pecho por una mantarraya, lo cual acabó con sus investigaciones de forma súbita.

De forma similar, Michael Rockefeller, uno de los hijos del vicepresidente Nelson Rockefeller y parte de la cuarta generación de esa familia, pudo haber fallecido durante una de sus expediciones, ya que se cree, y existen testimonios, fue devorado por un grupo de caníbales que investigaba en Nueva Guinea.

Michael Rockefeller era un millonario por herencia. Su familia, desde el siglo XIX, se convirtió en una de las más poderosas de Estados Unidos, ya que John. D y William Rockefeller controlaban gran parte de la industria del petróleo de ese país. Durante décadas cada miembro y generación se involucraron en distintas áreas de comercio, desde bienes raíces hasta bancos y política (el padre de Michael llegó a ser vicepresidente). A esa familia le pertenece la famosa Torre Rockefeller.

A pesar de formar parte de una familia llena de empresarios y políticos, Michael decidió no involucrarse en los negocios y se mantuvo apegado a su pasión por la historia. Estudió en Harvard esta carrera junto con economía y después de pasar un tiempo sirviendo en el ejército, en 1960, comenzó a trabajar con el Museo Peabody de Arqueología y Etnología, ya que le interesaba el estudio de distintas tribus y civilizaciones alejadas de la modernidad. Como parte de su trabajo ahí, decidió realizar una expedición hacia Nueva Guinea e Indonesia para investigar al grupo étnico de los Asmat, quienes no habían estado en contacto con extranjeros desde el siglo XVI.

Rockefeller estuvo acompañado de un equipo de filmación con el que creó el documental Dead Birds, donde presentaba un poco sobre la vida de los habitantes. Su otro propósito era coleccionar objetos y escribir lo más que pudiera para conservar el recuerdo de lo que, él pensaba, era una civilización a punto de desaparecer. Un elemento que no aparece en su representación fílmica de los Asmat es que el pueblo era conocido por practicar el canibalismo y la caza de cabezas, las cuales usaban para distintos rituales involucrando a los más pequeños de la tribu.

Todo parecía ir bien, sin embargo, el 17 de noviembre Rockefeller se encontraba con su colega René Wassing en una canoa cerca de las locaciones en las que hacían sus investigaciones cuando ésta súbitamente se volcó, dejándolos nadando y sin ayuda. Según el compañero de Michael, quien sí logró sobrevivir y llegar a tierra firme, el millonario afirmó que sí podía nadar pero nunca apareció. Aunque algunos guías locales lo buscaron en el río y en las costas, nunca lograron encontrar nada.

La desaparición se hizo noticia internacional ya que era miembro de la familia más importante en Estados Unidos. Algunos pensaban que el chico había huido y se había quedado en las costas como un miembro de la tribu, pero no fue así. Las pruebas más contundentes, basadas en los comentarios de los Asmat, señalan que el hombre fue tomado una vez que llegó a la costa y fue asesinado por caníbales. Carl Hoffman y Milt Machlin hablaron con los locales, quienes les explicaron que, después de un ataque que realizaron unos invasores holandeses, pensaron que Rockefeller era miembro de esa “tribu blanca”, así que lo mataron como venganza.

De hecho, existe una historia no confirmada que dice que la madre de Rockefeller envió a un investigador privado para buscar a su hijo y cuando volvió tenía tres cráneos que, según los Asmat, eran los únicos tres hombres blancos que habían asesinado. Nunca se ha corroborado esta versión. Michael tenía 23 años cuando desapareció. Dos años después, en 1964, fue declarado oficialmente muerto. Nadie lo volvió a ver.

Aunque es posible que haya muerto de otra forma, es demasiada casualidad que los Asmat supieran sobre ese individuo y lo recordaran, especialmente porque también mencionaron que después de asesinarlo se extendió una epidemia de cólera, lo que consideraron como un castigo divino por haberle quitado la vida.

Podríamos decir que la curiosidad de Rockefeller lo llevó a la muerte, pero lo cierto es que fue un mero error de comunicación. La tribu no sabía quién era y fue tomado como un enemigo. Su trágica muerte nunca pudo ser comprobada ni su cuerpo hallado, pero su legado sobrevive. Las obras que recolectó durante sus viajes se encuentran en el ala del Metropolitan Museum of Modern Art que lleva su nombre y las fotografías que tomó están en el Peabody Museum. Gracias a él, más personas entraron en contacto con la tribu y ahora su historia no quedará en el olvido.

1 Comentario

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