Tus emociones influyen en tu ADN

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Durante años las emociones han quedado en un segundo plano en el tema de estudios científicos, es más, aún hoy, muchos de nosotros seguimos escondiéndolas, como si no sirvieran para nada. El miedo, la rabia, la alegría o la ira, tienen sus función, y sea negativa o positiva, tenemos que dar la importancia que requieren a las emociones, para poder entender bien nuestra existencia. Pues bien, hoy en día, diversos estudios han ratificado que nuestras emociones pueden encontrar su origen en la genética, es decir que ciertas emociones o sensaciones que podamos experimentar pueden depender de nuestros antepasados o familiares.

De este modo, el ADN podría tener una influencia en las emociones y determinar nuestra sensibilidad en cada una de las partes de nuestro cerebro en el procesado de la información o acontecimientos del día a día.

Sentimientos positivos y negativos

Una de las conclusiones de los estudios realizados en relación a este tema es la diferente influencia de los sentimientos positivos y negativos en el ADN. Se trata de un sistema que presenta 64 combinaciones posibles de aminoácidos a partir de 4 elementos diferentes, el carbono, el oxígeno, el hidrógeno y el nitrógeno, pero solo 20 códigos se mantienen activos. Y es que, hay un interruptor que apaga o enciende la posibilidad de que aparezcan, se trata de la emoción. Esto cobraría fuerza a través del proceso de gestión emocional y en cómo nos vamos adaptando a cada circunstancia.

A la conclusión que llegan estos experimentos indica que la emoción afecta al ADN, ya que ante presencia de emociones positivas, el ADN se relaja y se desarrolla, mientras que si sentimos emociones negativas, el ADN no funciona de forma correcta. Se trata de un descubrimiento que pone de manifiesto lo conectado que estamos a nosotros mismos.

El poder de la emoción

Gracias estos experimentos podemos apreciar lo importante que es la emoción y como todo nuestro proceso para sanar físicamente comienza precisamente en nuestro corazón. Lo más esencial es aprender a crear las emociones adecuadas y a expresarlas correctamente, de modo que encontremos la fórmula para mejorar nuestro estado de ánimo y sentirnos mejor.
La parte negativa es que, la sociedad donde vivimos, condiciona nuestras creencias de un modo contrario a ello. Por eso, el impacto de las emociones en el ADN es latente. Estamos acostumbrados a un ritmo de vida acelerado, a que nos digan que es lo bueno para nosotros y a hacerlo sin pensar. Es decir, estamos aprendiendo a vivir sin escuchar nuestras emociones, lo que hace que nuestra existencia sea peor de lo que debería.

Por suerte, la habilidad de crear la emoción correcta está dentro de cada uno de nosotros, y todos somos capaces de hacerlo, en cualquier condición y circunstancia. Por eso, aunque lo mejor es aprender desde niños, sea cual sea nuestra edad, podemos aprender mediante un entrenamiento emocional, a saber interpretar y expresar la emoción correcta, y así conseguir la sanación.

Cómo trabajar nuestras emociones

Existen muchas y diversas técnicas que pueden ayudarnos a trabajar nuestras emociones y librarlas de la carga genética. Se trata de realizar un proceso de autoconocimiento y tener la habilidad y el conocimiento para poder dirigirlas de la forma correcta. Está claro que todos tenemos emociones negativas, de hecho son necesarias en nuestra vida, pero saber aceptarlas y canalizarlas de la forma correcta, es lo que hará que las trabajemos bien.

Una de las cosas que más suelen decirnos cuando estamos preocupados es que intentemos no pensar en ello. Aunque el consejo seguro que tiene buena intención, lo cierto es que intentar evitar una emoción solo hará que la sientas más intensamente, como esa canción que quieres quitarte de la cabeza, que cuanto más te empeñas, más la tarareas. La solución es poner en práctica ciertas estrategias para expresar nuestras emociones sin miedo y darle el valor que tienen para nosotros.

Por eso, puede funcionar distraernos hacia una cosa en concreto, buscar aquello que capte nuestra atención, pero tenemos que aprender a aceptar la emoción y a dejarla estar. Solo así frenaremos el impacto de cada emoción en el ADN conseguiremos crear emociones que nos sean más fáciles de manejar. Todo pasa por la aceptación.

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